jueves, 14 de noviembre de 2013

EL ARMARIO ERA UN BUEN ESCONDITE



Muchos fueron los que escondían  sus vidas por temor a la Justicia vigente, era una forma de vivir escondido en sí mismos por evitar las replesarias legales.. Existía una Ley de Vagos y Maleantes en la que se incluían o justificaban tropelías contra cualquier persona sin necesidad de justificar nada. Un colectivo especialmente perseguido y maltratado fue el de homosexuales, maricones para el lenguaje de las autoridades y para un amplio sector social del momento que los tenía como enfermos mentales así como la propia medicina que como tal los catalogaba.
Por ello cuando cualquier persona tenía un enfado, enfrentamiento verbal o pelea, era normal, pero si era un maricón podía acabar en el manicomio tal y como lo describo y escribo. El paso directo desde Comisaría tras una disputa, unas copas de mas o el antojo de un policía homófobo era al manicomio (o el calabozo), normalmente con un previo repaso de golpes e insultos y siempre por orden gubernativa o judicial y con la aquiescencia de los psiquiatras de entonces que trataban sus graves problemas sexuales con métodos tan sencillos como los psicofármacos o el temible electrochoque.
Asistíeron los médicos de guardia en Casas de Socorro, Hospitales y otros centros a muchos pacientes de urgencia que ocultaban su condición sexual por miedo al encierro tanto en los manicomios como en la propia cárcel por esa ley referida de vagos y maleantes donde cabía de todo, el armario era el mejor escondite de la represión que se consumaba contra ellos. 
Una noche acudió a urgencias uno de ellos que había sufrido una agresión con arma blanca, una navajilla de pequeñas dimensiones por la amplitud de las heridas que presentaba en diferentes partes de su cuerpo, eran pequeños cortes en pecho, cara, brazos y espalda sin mayor importancia que las heridas superficiales que presentaba, pero el miedo y la alteración eran mucho mas importantes. Una vez curadas y suturadas todas sus heridas, no sin cierta dificultad por lo alterado que se encontraba, el enfermo tenía miedo tanto de volver solo a su domicilio como de quedarse en el hospital donde casi seguro sería encamado en el frenopático si intervenía la policía por la agresión sufrida. El parte judicial de lesiones era obligatorio hacerlo, pero en aquél caso decidí saltarme las leyes a la torera y evitar que fuera citado por el juzgado de guardia y pasara por el miedo a ser represaliado, como dice la sentencia popular: “encima de jodío apaleao”. Lo dejé sentado en una silla en la puerta de mi dormitorio, quieto y tranquilo toda la noche, algo incómodo pero sintiéndose protegido por dicha actitud y agradeciéndome sinceramente ese proceder. Me relató con verdadero dolor y resentimiento los auténticos suplicios pasados tanto por él como por amigos suyos al verse ridiculizados, perseguidos, acosados, tratados en los manicomios y encerrados en cárceles donde eran sometidos a los tratos mas vejatorios, en una palabra estaba atormentado. Me avergonzaba en aquellos momentos de considerarme de la misma raza inhumana que, sin razón alguna, tenía aquellos comportamientos tan crueles e irracionales. Al amanecer y despidiéndose muy  tranquilo se fue a su domicilio con la alegría de sentirse por una vez bien tratado. Por primera vez en su vida y a pesar de la incomodidad de la silla donde pasó la noche, "vivió de otra manera"

miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA FRONTERA CON LA VIDA REAL.
 VIVIR EN UNA CÁRCEL PARA ENFERMOS.
 ERA OTRA MANERA DE VIVIR.


La elevada verja de hierro estaba firmemente cerrada por un cerrojo y a través de ella se veía un amplio recinto bien ajardinado pero con aspecto de poco cuidado, seco como correspondía al mes de Agosto en esta ciudad tan mermada de lluvias históricamente y sin la mano de jardineros que lo cuidaran adecuadamente. Detrás de la reja y en su lado izquierdo existía una caseta de mampostería con un hombre sentado en  su  puerta, cuarentón y que entre otras cosas además de ser el “guardián del paraíso” y tener las llaves del mismo, vendía tabaco. Era un funcionario de la Administración de los llamados en aquél entonces  loqueros, hoy en día auxiliares psiquiátricos, y ratifico lo de hoy en día porque muchos de aquellos, pasado el tiempo y refinados por un nuevo uniforme y ciclos formativos, siguen desempeñando labores asistenciales. El nivel de preparación de aquel personaje era tan primitivo como su propio aspecto desaliñado, camisa con lamparones fuera de los pantalones, arrugada, desabrochada a la altura del pecho y de la cintura e insinuando una importante barriga en su interior que colgaba descaradamente por fuera de la correa, las huellas del sudor en los sobacos (otro nombre sería desvirtuar la anatomía). Se observaba en el bolsillo izquierdo, de lo que llamaban entonces y ahora una sahariana, el tímido saludo de un peine que observaba desde su atalaya lo que ocurría a su alrededor  y tocaba su cabeza una gorra blancuzco-amarillenta con restos de lo que en otro tiempo fue una marca comercial en dicho momento ilegible. Los pantalones beige claros remangados a media pierna dejaban al aire unas canillas libres de calcetines, tocadas con unas alpargatas de loneta que en su tiempo fueran azules y hoy mezcla de polvo y sudor que  de lejos se veía el aroma que expelían. Bigote espeso y barba poco afeitada le daban un aspecto todavía más tosco. Sentado en su trono de formica y tubos de hierro desconchado, recostado y perniabierto abanicándose con un trozo de cartón que llevaba en su mano derecha y bajo la pobre sombra de una sombrilla, leía una pequeña novela del Oeste, vieja y raída  de Sebastián Lafuente Estefanía que mantenía en su mano izquierda. Pedía la  identificación a los desconocidos por él a la hora de pasar el fielato, cosa que era absolutamente  imprescindible y no solo quien, sino porqué y para qué acudía a aquellas instalaciones. A su alrededor pululaban diferentes tipos, casi todos fumadores y que acudían a comprarle tabaco a pedirlo fiado o a gorronear, algunos,  bastantes de ellos de su mismo aspecto por lo que era difícil distinguir entre el encerrado y el encerrador si no fuera por las llaves, otros con aspecto de abandono total, incoherentemente vestidos, como vagabundos escuálidos de película en blanco y negro con mirada descalabrada y deambulando sin rumbo. 

Aquel recinto ajardinado se veía claramente en semiabandono, intentando disimular su aspecto con un barrido superficial de los caminos que pasaban entre los setos, árboles de hoja pobre pero perenne y al fondo unos pabellones de planta baja encalados con grandes ventanas enrejadas y con techos de teja árabe. En ese idílico jardín de las delicias pululaban personajes encerrados unos en sus tormentos, sus visiones alteradas de la realidad, sus paranoias, neurosis, esquizofrenias, en suma sus locuras y otros solo tras la reja por no se qué, por ser diferentes o por nada.
El paso entre la genialidad y la locura es tan corto como lo que separa la libertad del encierro, que era solo esa reja.
Las personas que pasaban cerca de la reja miraban con curiosidad morbosa a su interior, incluso los propios sanitarios del Hospital General que nunca habían incurrido en dicha área .Llamaba la atención la ausencia de visitas de familiares a las que estábamos acostumbrados en el resto de los hospitales. 
Esa era la frontera física que los apartaba del mundo, existía también una frontera farmacológica que impedía su contacto verbal coherente con el resto de las personas.


lunes, 11 de noviembre de 2013

VIVIR SIN VIVIR EN TI
PROLOGO


Hablar de otra forma de vivir, vivir sin vivir en ti, vivir en mundos sucedáneos, vivir en un mundo mas real dentro de la irrealidad de la vida actual, vivir lo natural con excentricidades propias de alguien que no adapta sus reacciones a lo oficialmente correcto, vivir por delante de lo que en un futuro será algo natural y que hoy se considera esencialmente incorrecto, esa forma de vivir que socialmente se considera inadaptado o loco es tan antigua como la propia vida y ha sido objeto de trasmutaciones progresivas para adaptarlas a la situación de cada época. 

¿Donde se encuentra la frontera entre la locura y la genialidad?, es un paso tan simple y sencillo como indescriptible. Hay grandes genios a cuyas locuras se llamaban excentricidades e innumerables desconocidos que fueron encerrados por esas excentricidades llamadas locuras. Ante comportamientos inesperados o indeseados, se contesta con el rechazo y el desprecio siempre que la persona no lleve un halo de misticismo alrededor. Un visionario de Dios puede ser seguido hasta límites sorprendentes como enviado del mas allá o lapidado por loco. El estigmatizado como enfermo mental es despreciado, temido y apartado de la colectividad, el encumbrado por las mismas causas es elevado a los estrados más altos de la sociedad.  
Existe un miedo histórico a la locura que crece al mismo tiempo que el temor a la sinrazón como también y por razones religiosas existe un temor a la posesión diabólica, al poder de Satanás que subyace en la ideología de la Inquisición desde el siglo XIII y que los tachan de herejes y brujas. Existe un rechazo general en todas las culturas y sociedades al enfermo mental que siempre ha existido, existe y existirá. Lo que se percibe en los grupos sociales con un mayor nivel educacional es la visión más científica del enfermo mental unido a un enfoque más humanitario de su tratamiento.
Se recurre todavía más al médico de familia, a los amigos o al cura antes que al psiquiatra y la dificultad, cada día menor, de reconocer las enfermedades mentales, casi siempre ello unido al nivel cultural, no al económico.
Se nos enseña a temer a la locura desde niños, se  juega haciéndose el loco del que todos huyen, pero también se utiliza como elemento de mofa y escarnio a ese loco, al necio y al bobo. Utilizado como comedia de la vida el loco recuerda a cada uno su verdad, esa verdad que nadie se atreve a decir en voz alta pero que dichas con su lenguaje de necio y sin aires de razón se convierten en juiciosas. Hacen cosas que no deben hacer, que extrañan y maravillan que son irracionales a veces y que dan miedo.
Consideramos locos o dementes también a los poetas extravagantes, apasionados o borrachos, a los informales, imprudentes, soñadores, golfos o aventureros, en resumen a todo lo que significa rebeldía, misterio u obsesión, lo imposible o abstracto. Locura es correr, amar, escapar, es la verdad y la mentira, es la fantasía y la realidad, es la riqueza y la pobreza, la felicidad y la desgracia, la indecencia y la honradez, la razón y sinrazón de la vida, la crueldad y la piedad, la esperanza o renuncia, la valentía y el miedo, el silencio o el grito de libertad. El pelo despeinado y encrespado, la cara descompuesta, los ojos extraviados, sin aliento sin saber donde está, representa en el habla popular un estado demencial aunque pueda deberse a la pérdida de un ser querido o al miedo. Son comparados con animales, caballo loco, pájaro loco o como una cabra loca y faltos del ritmo obligado por la sociedad  al decir que no están cuerdos como un reloj que a veces si no funciona decimos que se ha vuelto loco o como una maquinaria rota a la que le falta un tornillo, aunque a veces y para dispersar la mente nos hacemos el loco.

Los locos estaban en Babia, en las nubes o en el limbo y la mayoría en la luna, pero el hombre llegó a la luna y vio desde allí que los locos donde estaban realmente era en la tierra y que la tierra era la mas grande de las lunas, donde se asume la irracionalidad de lo irracional, lo insensato, lo absurdo y lo injusto.

El rechazo del enfermo mental siempre ha sido mayor entre las clases sociales altas y medio-altas donde el autoritarismo se relaciona directamente con dicho repudio, por ello las nuevas estructuras que el poder político y social tomaron en nuestro entorno los treinta últimos años fueron decisivas para el cambio radical del tratamiento e internamiento de los enfermos mentales.

Por ello la enfermedad mental es algo que tiene hoy día posibilidad de tratamiento, a los enfermos no se les puede tomar el pulso por la mañana, la temperatura por la tarde y el pelo por la noche, el manicomio no es un lugar donde apartar del resto del mundo a los diferentes, un lugar de reclusión como si de un peligro social se trataran, es un centro de diagnóstico y tratamiento de reposo mental y físico y de curación. Tenemos que educar dentro del amplio espectro de la salud no solo como comer y revisarse periódicamente sino también en como ver a los enfermos, ancianos, oncológicos o mentales, enseñar a perderle el miedo a la enfermedad, mejorar los sentimientos hacia los enfermos mentales y creer en su curabilidad además de tener confianza el los médicos psiquiatras que los tratan y en los avances de la medicina para sanarlos.

domingo, 10 de noviembre de 2013



MALVIVIR SIN SU AMOR NO ES VIVIR



Solo yo se lo que he perdido
La que dejé por miedo a su rechazo
Por miedo callé tanto y tanto
Que hasta tu amor se fue de mi lado

Ahora no espero nada ni a nadie
Me encuentro roto pero del ánimo
El peor dolor no es el que late en el cuerpo
Es el que siente dentro del alma

No puedo verte ni sentir tu abrigo
Cuando con tus manos tocabas mi cara
Con tus besos calentabas mi corazón
Con tu presencia llenabas mi destino.




Oigo una canción que pide con pena
Déjame esperarte aunque no vengas
Déjame esta noche soñar contigo
Esta es en vida la peor condena.

Ya no me quedan palabras para expresar mi dolor
No tengo fuerzas para luchar en esta vida
No quiero sufrir más por este amor
Y solo los fármacos alivian mi pena.





QUE ENREVESADO NOS EXPLICABAN LAS COSAS MAS SENCILLAS





La única vez que yo estuve atento de verdad en el colegio fue cuando explicaron la reproducción humana, se hablaba mucho de ello en los recreos y tiempo libre pero en realidad todo quedaba en palabrotas aprendidas en el Diccionario o en la Enciclopedia que todos teníamos en casa y que nos reuníamos para leer palabras fuertes. Por ejemplo "coño" y nos topábamos con esto:
coño.
(Del lat. cŭnnus).
1. m. malson. Parte externa del aparato genital de la hembra.
2. m. despect. Chile. español (‖ natural de España).
3. m. vulg. Ven. tipo (‖ individuo).
4. adj. Chile y Ec. tacaño (‖ miserable).
coño.
1. interj. U. para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.
Mi lio fué superior a partir de esas citas porque yo era un coño en Chile y los pelos que le veía a mi prima por debajo del ombligo cuando se cambiaba de bragas era otro coño, y no digamos del agarrao del compañero que nunca daba un mordisco de su bocata y era otro coño¡¡¡¡¡. De pocas dudas te sacaba la Enciclopedia, era como nuestro profesor de Ciencias que tampoco me sirvió de mucho:
 Primero te hablaban de un guisante... después de unas abejas que salían de su colmena y llevaban el polen por ahí.. Y luego te enseñaban unos dibujitos de una pareja en pelotas... Que yo pensaba: ¿Y aquí quién de los dos tiene el guisante...?" Pero ahí no se acababa el follón, porque yo sabía que había una cosa que se metía en algún sitio... Y además estaba la cigüeña... Con lo que me fui a mi casa pensando que la reproducción humana consistía en que una cigüeña metía un guisante en una colmena y una abeja lo esparcía... 
Muy bien. Yo no quiero molestar, pero entonces. ¿Para qué me sirve a mí la polla? (palabra aprendida en la calle aunque no ratificada en su significado anatómico en la Gran Enciclopedia Británica versión popular abreviada y traducida) 
En fin, lectores atrevidos, que según lo que nos enseñaban en la escuela, un hombre de provecho y culto es un tío que habla lenguas muertas, latín y griego, come guisantes y muchas otras verduras siempre crudas, da volteretas en un gimnasio o en su defecto en un semáforo mientras se encuentra en rojo y toca la flauta bastante mal. ¡Coño, este tío es el que llaman ahora un perroflauta.

sábado, 9 de noviembre de 2013

VIOLENCIA PSICOLOGICA


Normalmente se clasifican dentro de los casos de violencia psicológica supuestos de abusos verbales, como rebajar, ridiculizar, hacer ironías para generar inseguridad, humillar. También son casos de violencia psicológica los supuestos de intimidación, en los que se asusta con gestos, gritos, miradas o incluso se arrojan objetos o destrozan propiedades. 
En casos de aislamiento o control abusivo del otro vigilando sus actos, movimientos o escucha del otro.
1. la seducción o la influencia.
2. el apilamiento, quién corresponde a la repetición de pequeños actos de agresión, al parecer anodinos tomados separadamente pero que se destinan a la desestabilización de la víctima.
3. las falsas promesas.
4. la destrucción que se acentúa a medida de la relación, para llegar a alcanzar un paroxismo dada la reacción de la víctima.

Estas cuatro fases pueden resumirse en el tiempo; las etapas dos y tres van a menudo juntas: las falsas promesas que hacen creer al rescate, o a un cambio que no tendrá nunca lugar, pero permiten reajustar la influencia para proseguir mejor la destrucción de su víctima.

Es la frecuencia y la repetición en el tiempo de las agresiones que hacen el proceso perverso destructivo.

Su planteamiento los vinculó de muy cerca con los dirigentes de sectas, son dictadores en potencia, quiénes imponen su tiranía a un círculo limitado de personas.

Signos de violencia psicológica. ¿Cómo detectar el maltrato psicológico?



El maltrato psicológico se suele manifestar como un largo proceso en donde la víctima no aprecia cómo el agresor vulnera sus derechos, cómo le falta al respeto, la humilla y la víctima va progresivamente perdiendo autoestima y seguridad en sí misma.
Casi todos reconocemos los insultos, las continuas comparaciones para descalificarnos, el tono de voz duro y desagradable, un volumen alto con el ejemplo clásico de los chillidos y gritos, la mirada fija, la risa sarcástica y sabemos distinguir una cara de asco cuando nos hablan. Estos signos a los que restamos importancia van provocando en nosotros malestar interno y profundo.
Es interesante analizar los aspectos no verbales y no quedarse meramente con el mensaje que nos llega de nuestro interlocutor.

En las siguientes líneas se muestran ejemplos de esa comunicación que vulnera nuestros derechos básicos y qué a la larga merman nuestra autoestima:

· Moralización: Es una forma muy sutil de control. La persona se cree dueña de la verdad absoluta y juzga a los demás con su baremo. Lo hace con palabras paternalistas, desde el prisma es que es una persona respetable.

Interpretar: Este tipo de comunicación supone que la persona que habla hace una lectura de pensamiento del otro.

Tergiversación: El receptor sospecha de la intención del emisor y reacciona como si éste fuera a criticarlo.

Interrogar: La persona agresiva se dedica a preguntar en plan policíaco.

Mandar u ordenar:

Imponer soluciones:

Criticar: Existen dos tipos de crítica, la constructiva o sugerencia y la crítica destructiva. Nos centraremos en esta última, que provoca un malestar en la persona que la recibe. La primera sirve para buscar una solución, la segunda se basa en la confrontación.

Ridiculizar: Burlarse del otro en algún aspecto.

Despreciar: Menospreciar al otro individuo.

Reprender: La persona en vez de sugerir cambios, directamente critica de forma destructiva:

Amenaza o coacción: En el maltrato psicológico  es muy típico encontrar que el agresor o agresora amenaza o coacciona si no se cumple algo con hacer o dejar de hacer algo. Es bueno recordad que el Código Penal recoge la figura de las amenazas y coacciones cómo delito, esto muchas veces se pasa por el calor de la discusión.

Culpabilizar y hacerse la víctima: Este fenómeno es muy corriente. El agresor proyecta su agresividad en la víctima y se percibe como inocente.

Pseudo aprobación: La persona aparenta comprensión pero deja un poso de culpabilidad en la persona que la escucha

Tranquilizar: La persona tras haber hecho algo malo, tiende a indicar qué la otra está nerviosa, qué no controla sus emociones y ella le pide qué se tranquilice, demostrando lo buena persona qué es.

La agresividad verbal puede ser muy sutil o en cambio puede ser el típico repertorio de insultos. Se puede hablar de agresividad cuando la forma de hablar casi siempre es para desvalorizar al otro, no por un insulto aislado.

El problema cuando se detecta deberá consultarse a especialistas para que se tomen las medidas oportunas. Al ser un tipo de conducta muy difícil de probar requeriremos la actuación de profesionales

Es muy importante el apoyo de psicólogos especializados. Será preciso descartar la posibilidad de que la autoestima se haya deteriorado o qué aparezca un cuadro psicológico derivado de este tipo de relación negativa.





MANERAS DE VIVIR EL AMOR.  EL DESENLACE FINAL


Los llevó con la rapidez permitida que les pareció a los dos un siglo, pero de los de antes que duraban 100 años pero muy lentos. En lo más alto de la ciudad en un espectacular hotel todo exteriormente de piedra, como si de un castillo medieval se tratara paró por fin el transporte. El había reservado una suite con una espléndida terraza con vistas a toda la ciudad que ella desconocía. Al llegar a la recepción cogió la llave electrónica y se fueron directamente a los ascensores sin volver la cabeza. No se dijeron nada, miraban al techo del ascensor y también les pareció lentísimo hasta que el sonido de una campanita nuevamente, les indicó que estaban en su planta, la última para más detalle. Al salir del ascensor y pisar la moqueta ella se quitó los zapatos y cogidos con la mano izquierda marchó hasta la puerta de la habitación detrás de él. En ese momento se volvió y colocándose la tarjeta en la boca la cogió en brazos y le ofreció la llave para que ella abriera. La introdujo en la ranura y al abrir en el conmutador de luz quedando toda la suite encendida. La llevó hasta la terraza donde la dejó en pié delante de las preciosas vistas, toda la ciudad a sus pies y el mar con reflejos multicolores de luces reflejadas en el.
Se apoyó en la barandilla y dejó su espalda mirando con descaro hacia la habitación. Se quitó toda la ropa y abrazándola por detrás le dio ese calor que por la hora y la brisa necesitaba, ella notó su desnudez y también notó que con un poquito de torpeza desabrochó el cuello de su vestido que cayó de golpe al suelo. Comenzaron un ronroneo y caricias mientras miraban al mar, rozó sus costados y sus pechos acariciando los pezones que estaban duros como eso, como pezones y con un gesto imprevisto pero buscado por los dos y con ambos cuerpos moviéndose suavemente entró dentro de ella con una leve presión y una gran sensación, la humedad era externa e interna y ya fuera por lo aguantado o por el inmenso deseo vio pronto como se iluminaba el horizonte y le temblaban las piernas. Acababa de comenzar una noche interminable.
La trasladó a la cama también en brazos y la dejó cariñosamente en la misma, se fue al extremo de la cama y comenzó a acariciarle los pies chupando sus dedos uno a uno mientras masajeaba las plantas con habilidad y placer en vista de los gruñidos de goce que con satisfacción emitía. Tras un tiempo indeterminado subió acariciando sus piernas, sus glúteos y su espalda hasta llegar al cuello donde se abrazó a ella que dio un giro y se subió en él, ambos se sentaron en la cama en un abrazo sincero, sentido y agradable, por primera vez se miraron de cerca y se enlazaron en un beso que les duró toda la noche, con sus tiempos muertos como en baloncesto pero con la misma intensidad. Hicieron el amor de mil maneras que  así es como se denomina el coito, arriba, abajo, de lado, del otro lado, en el suelo, en la mesa, en la cama también, hasta que el cansancio y la extenuación los sumergió en un dulce sueño sin necesidad de pastillas ni ostias, abrazados y acariciándose mutuamente.  Ya se veía a lo lejos el despertar del día cuando sus ojos comenzaron a cerrarse.

Un rayo de luz fuerte que le golpeó en la cara le despertó y vio horrorizado como su reloj marcaba las ocho y media, llevaba solo algo mas de una hora dormido y alargó el brazo para despertarla y solo se encontró el frío y vacío espacio donde ella debía de hallarse. Se levantó precipitadamente y observó como no estaba en la habitación y halló restos de una ducha anterior. En un papel del hotel una escueta nota decía: “Te avisé que los jueves hay que trabajar”. Un agua rápida para despejarse y salió corriendo a la recepción donde entregó la tarjeta para pagar y pidió un taxi urgente que lo llevó hasta su coche aparcado cerca del restaurante. Durante el camino recordó todo lo vivido esa noche y lo increíble que fue, estaba impactado, contento pero a la vez falto de algo.

Aquella mañana ni pudo desayunar por el agobio del trabajo preparó un viaje inexcusable que a última hora le salió y se marchó a seguir trabajando en su casa.

El viernes azaroso y esperanzado en verla acudió a desayunar y su desilusión fue absoluta al no acudir ella. El fin de semana lo pasó en las nubes y dando vueltas por toda la ciudad  para ver si la veía, se acababa de dar cuenta que no sabía nada de ella ni su nombre tan siquiera.

El fin de semana para ella fue de internamiento absoluto en su piso, mirando al cielo y recordando la noche pasada con aquél hombre del que no sabía ni su nombre. Estaba asustada y no conseguía dominar sus sentimientos, sobrepasaban en mucho cualquier otro que hubiera tenido antes y de los que había salido escaldada siempre.  No sabía como denominarlo y tampoco cual sería la reacción al volverle a ver. Durante toda la semana acudió a desayunar al mismo sitio y se sintió de lo más defraudada, compungida y afectada de lo que podría imaginar al no verlo, preguntó a los camareros y no supieron darle ninguna referencia, solo que también les extrañaba no verlo. Eso es por mí, no quiere verme, me esquiva.

Aquél sábado él cogió su bicicleta, estaba solo pensando en ella y se fue a dar un recorrido por el paseo,se sentía muy raro e incapaz de dominar sus sentimientos.

Aquél sábado ella cogió su bicicleta, estaba solo pensando en él y se fue a dar un recorrido por el mismo paseo, se sentía muy rara e incapaz de dominar sus sentimientos.


Se sentó mirando al mar y absorto en uno de aquellos eternos besos que no olvidaba oyó a sus espaldas un: “hace un día excelente”. De un salto se levanto y se miraron con sed, con deseo, con alegría y ambos comenzaron a hablar entrecruzándose las frases, nerviosos y aturrullados.

No se ni como te llamas ni tu teléfono ni donde trabajas ni nada de ti, no podía localizarte, estaba de viaje……….. Ella le mandó a callar llevándose el dedo índice a los labios y le dijo: “¿No vas demasiado deprisa?” antes debemos conocernos mejor no te parece. Vamos a dar una vuelta, vale, comemos juntos, si, pero…en un chiringuito, mejor.

Se alejaron por el paseo  y conforme se alejaban en el espacio se acercaban en un punto infinito hasta verlos en el horizonte formando un solo punto.

Yo creo que se habían enamorado.